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Sidosa, el gesto de hacerse VIHsíble

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Ayer asistimos en el Ministerio de Sanidad a la proyección del documental Sidosa, de Eduardo Casanova. La película refleja el proceso de “hacer(se) VIHsíble”: Eduardo comparte que vive con VIH desde los 17 años y documenta el camino de contarlo a familiares, amistades y también a su entorno profesional, acompañado durante toda la película por Jordi Évole. La historia deja claro que revelar el estado serológico no es un “momento”, sino un proceso, con sus tiempos, sus dudas y sus posibles consecuencias.

La película conecta así con una realidad que sigue siendo central: la confidencialidad del diagnóstico no siempre está garantizada en todos los entornos, y la decisión de contarlo, o no contarlo, debería poder tomarse libremente, sin presiones y con seguridad. El contexto social ayuda a entender por qué, tantas veces, el silencio se impone: todavía hay personas que reaccionan con incomodidad ante la idea de convivir con alguien con VIH, una señal evidente de que queda camino por recorrer en información, empatía y convivencia.

Rosa: cuando el color cuenta lo que cuesta decir

Eduardo Casanova recurre al humor y a una sensibilidad muy particular para abordar un tema que con frecuencia se trata desde el drama o el estereotipo. En su universo visual, el color rosa, recurrente en su obra, adquiere aquí un significado especialmente potente, funciona como respuesta simbólica a la fobia que le provocaba el rojo desde el diagnóstico. En Sidosa, el color no es un adorno, es un lenguaje emocional, una forma de narrar la ansiedad, la vulnerabilidad y la reconstrucción.

Por eso el tono de Sidosa importa: porque reír, emocionarse y reconocerse en una historia también ayuda a desmontar prejuicios y a abrir conversaciones que se han evitado.

Un reconocimiento a la red sanitaria que acompaña

Otro eje fundamental del documental es la reivindicación del trabajo de las y los profesionales sanitarios que han acompañado a Eduardo desde el inicio. En tiempos en los que la desinformación se viraliza, poner el foco en el cuidado, en los equipos que informan, tratan, escuchan y sostienen, es un acto de justicia. Y también un recordatorio: los avances médicos han transformado radicalmente la calidad de vida de las personas con VIH, pero el estigma social no siempre ha evolucionado al mismo ritmo.

El odio como síntoma: redes sociales, estigma y violencia simbólica

Aunque el documental no muestra ese odio en pantalla, tras hacerse público el diagnóstico de Eduardo Casanova se desató una ola de comentarios y ataques, especialmente en redes sociales. Ese rechazo no es “opinión”, es estigma en acción. Y cuando el estigma se normaliza, sus efectos son reales: aislamiento, ansiedad, autocensura y miedo.
Eduardo lo resume con una frase: “Se puede vivir con VIH, pero no se puede vivir con odio”.

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