El 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres, es una fecha clave para recordar que la igualdad de derechos sigue siendo un objetivo pendiente. La discriminación, la violencia de género, la brecha salarial, la menor presencia en los espacios de decisión y las dificultades de acceso a derechos fundamentales como la educación o la salud continúan afectando a millones de mujeres en todo el mundo.
Estas desigualdades estructurales también afectan a las mujeres que viven con VIH, cuya realidad sigue siendo, en gran medida, invisibilizada en el debate público.
Mujeres y VIH en España: datos que evidencian la invisibilidad
Según los datos de vigilancia epidemiológica en España, las mujeres representan el 15% de los nuevos diagnósticos de VIH. Entre ellas, la transmisión heterosexual constituye la gran mayoría de los casos (75,2%).
A pesar de estos datos, la realidad de las mujeres con VIH continúa siendo poco visible. Esto tiene consecuencias directas en la salud y el acceso al diagnóstico. En España, el diagnóstico tardío es más frecuente en mujeres (57,6%) que en hombres (50,0%), lo que evidencia la necesidad de reforzar las estrategias de información, prevención y detección temprana dirigidas específicamente a las mujeres.
Estigma y maternidad: el derecho a decidir
Además de las desigualdades estructurales, muchas mujeres con VIH siguen enfrentándose a estigma social y prejuicios, especialmente cuando expresan su deseo de ser madres.
Sin embargo, la evidencia científica es clara: el VIH no impide la maternidad. Cuando una persona con VIH sigue correctamente su tratamiento y mantiene carga viral indetectable, puede tener relaciones sexuales sin riesgo de transmisión y llevar adelante un embarazo seguro.
A pesar de ello, algunas mujeres continúan encontrando juicios, presiones o desinformación en distintos ámbitos sociales e incluso sanitarios, lo que refleja la persistencia de mitos y prejuicios en torno al VIH.
Desigualdades en el ámbito laboral
El ámbito laboral es otro espacio donde se manifiestan las desigualdades de género. Las mujeres continúan estando sobrerrepresentadas en empleos más precarizados, con mayor temporalidad o menor reconocimiento económico y profesional. Además, siguen asumiendo de manera desproporcionada los trabajos domésticos y de cuidados no remunerados.
Cuando a estas desigualdades se suma el estigma asociado al VIH, las barreras para acceder a un empleo, mantenerlo o progresar profesionalmente pueden intensificarse. El miedo a la discriminación o a la revelación del estado serológico continúa siendo una preocupación real para muchas personas que viven con VIH en el entorno laboral.
Dar voz a las mujeres con VIH
Con motivo del 8M, desde Trabajando en Positivo queremos contribuir a visibilizar estas realidades compartiendo los testimonios de mujeres con VIH que han participado en distintas ediciones de la Ruta #YoTrabajoPositivo.
Se trata de mujeres activistas, trabajadoras y madres que han decidido contar su experiencia en primera persona. Sus historias reflejan tanto las barreras que aún persisten como la importancia de construir entornos sociales y laborales libres de estigma.
