ESPAÑA: Las desigualdades de género hacen que las mujeres sean más vulnerables a la infección por el VIH.




Inma Gisbert Civera*. 08-03-2016

Según los datos de ONUSIDA, en el año 2014 había 36,9 millones de personas viviendo con el VIH en todo el mundo, de las cuales el 47% son mujeres (el 60% de ellas viviendo en África subsahariana). En el caso de España, la proporción es menor, sirviendo como ejemplo el dato relacionado con los nuevos diagnósticos realizados durante ese mismo año 2014: solo un 15% de los 3.366 nuevos diagnósticos correspondía a mujeres.

Aunque la proporción de casos de mujeres con el VIH en España es menor, es necesario destacar que éstas tienen un mayor riesgo de infectarse que los hombres. En primer lugar, debido a factores biológicos, puesto que la mucosa cérvico vaginal permanece más expuesta y durante más tiempo a los fluidos sexuales y, además, en el ciclo vital de las mujeres, hay etapas en las que aumenta su vulnerabilidad a la infección por VIH, como es el caso de la juventud (al ser más propensas a microabrasiones), en la fase lútea del ciclo menstrual y en la menopausia (debido al adelgazamiento de la pared celular).

Junto a estos factores biológicos, las desigualdades de género -causadas por factores sociales, económicos y culturales vinculados con la diferente posición y rol social que tienen hombres y mujeres y que generan relaciones de poder y de dependencia económica-, también inciden en esta mayor vulnerabilidad. Estas desigualdades, que son injustas y evitables, condicionan el acceso a la información y la toma de decisiones de las mujeres en cuanto a su salud sexual y reproductiva. Algunas manifestaciones de estas desigualdades se pueden ver:

  • en la baja percepción de riesgo que tienen algunas mujeres cuando encadenan diferentes relaciones estables (monogamia seriada);
  • en el control limitado de los medios de prevención
  • en la asociación de la infección por VIH con la violencia de género que se da de manera directa
  • a través de la violencia sexual y, de manera indirecta, por las condiciones bajo las cuales se
  • mantienen relaciones sexuales, así como las  dificultades para negociar el uso del preservativo.

Una situación de especial vulnerabilidad viven, además, las mujeres transexuales, tanto a nivel biológico, como por sus prácticas sexuales y por factores socioeconómicos y culturales así como por la transfobia y la exclusión social.

Estas desigualdades tienen su repercusión en las vías de transmisión por las que mayoritariamente se infectan hombres y mujeres. Así, en el caso de los hombres, el 63,6% de las nuevas infecciones se ha producido entre Hombres que tuvieron sexo con Hombres mientras que, en el caso de las mujeres, el 81,75% se infectó por vía heterosexual.

No obstante, estas diferencias no se producen solamente en relación al riesgo de infectarse sino que también existen algunas relacionadas con la evolución de la enfermedad así como la tasa de progresión a fase de sida. De esta forma, aunque esta evolución es similar en ambos sexos siempre que el acceso a la sanidad sea igual y lleguen en el mismo estadio de la enfermedad, existen algunas diferencias entre hombres y mujeres. Así, algunos aspectos que caracterizan a las mujeres son:

  • Cifras mayores de Linfocitos T4 o CD4 (células del sistema inmunitario que utiliza el VIH para reproducirse y que posteriormente quedan destruidas, debilitando así el sistema inmunitario)  y de Carga Viral menores, al menos en estadios iniciales de la infección.
  • Cargas Virales más bajas cuando las cifras de CD4 son similares, aunque esta diferencia es  mayor con cifras más altas de CD4 y disminuye con el tiempo.
  • Menor probabilidad de poner a sus parejas masculinas en riesgo (además de utilizar más el preservativo cuando los hombres están en riesgo).
  • Interacción entre la anticoncepción femenina y el tratamiento antirretroviral.
  • Abandono con mayor frecuencia de este tratamiento por causa diferente al fallo virológico.
  • Diferencias en toxicidad y en distribución de grasa, que pueden provocar de manera más significativa en las mujeres un descenso de autoestima.

Estos aspectos, junto a la mayor inhibición y renuncia a la esfera sexual por parte de las mujeres, hacen que las necesidades a abordar con las mujeres y con los hombres en relación a su salud sexual y reproductiva sean también diferentes.

Finalmente, cabe destacar que esta desigualdad de género también afecta a las mujeres con el VIH a la hora de encontrar y mantener un empleo. Un ejemplo es el estudio publicado en el año 2009 por Juan Oliva (Universidad de Castilla-La Mancha), que señala que "las mujeres con VIH/sida tienen un 13,4% menos de posibilidades que los hombres de estar empleadas".

Por todo ello, es imprescindible tener en cuenta las diferentes necesidades en salud de mujeres y hombres así como trabajar para reducir las desigualdades de género.

Para ello, es necesario incorporar la mirada de género en el VIH, lo que supone tener en cuenta por un lado, cómo las desigualdades determinan la diferente exposición a los riesgos, accesos y beneficios de las actividades, información, recursos y atención sanitaria, así como a la realización de sus derechos. Y, por otro, conocer la manera en la que los roles, estereotipos, identidades y normas de género influyen en la salud de las mujeres y hombres, encontrando la forma de abordar las desigualdades que surgen de esto.

*Inma Gisbert Civera es experta en Salud Pública y Género y trabaja en el ámbito del VIH. 



Autor: CCOO y Trabajando en Positivo
Enlace: http://www.fsc.ccoo.es/webfsc/Actualidad:Federal:Actualidad:976920--Las_desigualdades_de_genero_hacen_que_las_mujeres_sean_mas_vulnerables_a_la_infeccion_por_el_VIH